lunes, 18 de febrero de 2019

¿hoy me hablas de juventud?


Que irónico que hoy  hables de juventud desde la misma tribuna en la que has ignorado ese sector todo el tiempo,  creyéndote que usando New Balance o Nike, que por quitarte la corbata o un par de entrevistas con “foke” o “el boli” ya podré, al menos yo, olvidar el hecho de que por tu egoísmo, mala administración y sed insaciable de dinero tuve que despedir mis mejores amigos y aceptar que prefirieron perder esa juventud a la que hoy de rodillas pides que te acepte, cultivando sueños a kilómetros de esta bella isla, porque  en el patio, no hay quien viva de “vainas de muchacho” ¿no?

Porque para ti, mi querido político ochentoso, yo, o ellos nunca fuimos prioridad y hoy ves temblar los pilares de ese reino porque no entendiste a tiempo que el mundo iba cambiando sin ti, que ya no valía que le dieras todos los privilegios a ese amigo tuyo dueño de medios de comunicación para pasar tus necios anuncios pagados con mis impuestos 12 horas al día, porque ya esas bocinas del tal de la mañana o el otro de la mañana pierden credibilidad entre las mofas que les hace “una paginita de internet” es que esa “vaina de muchachos” se te fue de las manos men, creció sin ti como aprendió mi hijo a usar el Xbox o el Playstation sin que yo le diera instrucciones, y yo, a diferencia de ti, entendí que ya tenía que soltar el Player 1.

A estos locos soñadores, sin importar el color que traigan, nos falta camino, lo sé, porque todavía, amigo ochentoso, tienes los bolsillos llenos de aquello que desde que comenzaste, hasta hoy cambia almas y compra voluntades, pero veo como la chequera se te está haciendo poco a poco más chica y se empiezas a ver las grietas en el techo.

miércoles, 9 de enero de 2019

PROPÓSITO DE AÑO NUEVO "ser feliz con menos"


     Recuerdo mi primero sueldo en la Suprema Corte de Justicia, hace algunos 15 años cuando trabajé en la 8va Sala Penal del Palacio de Justicia de Ciudad Nueva, RD$3,800 aprox. Salí del banco al cambiar el cheque con quien luego sería un hermano para mí (Jean), y él me insistió que comprara un celular, así lo hice y a partir de ese momento no he dejado de tener un teléfono móvil, luego, años después, entré a la fiscalía y mi primer salario lo gasté en un control para jugar en la PC, y así, muchos salarios fueron destinados a comprar “cosas vanas”, ayudado por el hecho de que a pesar de no venir de una familia “rica” en términos económicos, en casa mami y papi se partían el lomo para tener nuestras necesidades básicas cubiertas, sin grandes lujos, pero sin hambre.

Al pasar los años fui manteniendo esa conducta, y por mucho tiempo, ya haya sido por presión social o por querer darme esos “lujos de los que me creía merecedor, he acumulado algunas cosas que al verlas me pregunto “¿qué hago yo con toda esta porquería?” ayer, por ejemplo, fue un día de esos…

Luego de pasar de sol a sol reparando esto y dando manteamiento a aquello, salió un Mujica de mis adentros preguntándome –“¿cuánta vida vos perdiste para obtener eso y cuánta vida estás perdiendo ahora para mantenerlo?”- caramba, cuantos abrazos dejé de dar, cuantas conversaciones dejé de tener, cuantas cosas habré dejado de ver por cosas menos valiosas que un te quiero de mami, un abrazo de mi hijo, un beso de mi pareja, una conversación con un amigo o un rato a solas mirando el caer del sol sobre el mar, he dejado de vivir por el afán de tener.

No es que tenga que andar descalzo o con zapatos incomodos, o bajo los parámetros personales “mal vestido”, tampoco negarme un buen trago, una buena comida; es hacer un equilibrio y saber que cada cosa que adquiero es una nueva responsabilidad de la que seré esclavo y evaluar si realmente vale la pena la satisfacción que me da sobre la vida que me cuesta tenerlo.

Así que este año me he propuesto reevaluar que me causa felicidad y con el ejemplo, enseñar a mi hijo que la felicidad es personal, que no está en mirar que tiene el de al lado, ni el de atrás, ni el de adelante, soñar que con los años no será preso de la misma trampa en que una vez caí.